Lenin: Julio, 1916: Balance de la discusión sobre la autodeterminación .
8. LO ESPECIAL Y LO GENERAL EN LA POSICIÓN DE LOS SOCIALDEMÓCRATAS INTERNACIONALISTAS
POLACOS Y HOLANDESES
No cabe la menor duda de que los marxistas polacos y holandeses adversarios de la autodeterminación figuran entre los mejores elementos internacionalistas y revolucionarios de la socialdemocracia internacional. ¿Cómo puede, entonces, darse el caso de que sus razonamientos teóricos constituyan, como hemos visto, una tupida red de errores; de que no contengan ningún juicio general acertado, nada, excepto "economismo imperialista"?
El hecho no se explica en modo alguno por las malas cualidades subjetivas de los camaradas polacos y holandeses, sino por las condiciones objetivas especiales de sus países. Ambos países 1) son pequeños e impotentes en el "sistema" contemporáneo de grandes potencias; 2) ambos se hallan enclavados geográficamente entre los buitres imperialistas de fuerza gigantesca que compiten con mayor encarnizamiento (Inglaterra y Alemania; Alemania y Rusia); 3) en ambos son terriblemente fuertes los recuerdos y las tradiciones de los tiempos en que ellos mismos eran "grandes potencias": Holanda, como gran potencia colonial, era más fuerte que Inglaterra; Polonia era una gran potencia más culta y más fuerte que Rusia y Prusia; 4) ambos han conservado hasta hoy día privilegios, que consisten en la opresión de pueblos ajenos: el burgués holandés es dueño de las riquísimas Indias Holandesas; el terrateniente polaco oprime a los "siervos" ucraniano y bielorruso; el burgués polaco, a los judíos, etc.
Semejante originalidad, que consiste en la combinación de esas cuatro condiciones especiales, no podrán encontrarla en Irlanda, Portugal (en sus tiempos estuvo anexionada por España), Alsacia, Noruega, Finlandia, Ucrania, en los territorios letón y bielorruso ni en otros muchos. ¡Y en esa originalidad está toda la esencia de la cuestión! Cuando los socialdemócratas holandeses y polacos se pronuncian contra la autodeterminación recurriendo a argumentos generales, es decir, que atañen al imperialismo en general, al socialismo en general, a la democracia en general y a la opresión nacional en general, se puede decir en verdad que los errores se montan sobre los errores y los espolean con el error. Pero basta dejar a un lado esta envoltura, a todas luces equivocada, de los argumentos generales y examinar la esencia de la cuestión desde el punto de vista de la originalidad de las condiciones especiales de Holanda y de Polonia para que se haga comprensible y completamente lógica su original posición. Puede decirse, sin temor a caer en una paradoja, que cuando los marxistas holandeses y polacos se sublevan con rabia contra la autodeterminación no dicen exactamente lo que quieren decir; o con otras palabras: quieren decir no exactamente lo que dicen [Recordemos que en la declaración de Zimmerwald, todos los socialdemócratas polacos reconocieron la autodeterminación en general, aunque formulada un poquito distintamente].
En nuestras Tesis hemos citado ya un ejemplo. ¡Gorter está en contra de la autodeterminación de su país, pero está en pro de la autodeterminación de las Indias Holandesas, oprimidas por "su" nación! ¿Puede sorprender que veamos en él un internacionalista más sincero y un correligionario más afín a nosotros que en quienes reconocen así la autodeterminación: tan de palabra, tan hipócritamente como Kautsky entre los alemanes y Trotski y Mártov entre nosotros? De los principios generales y cardinales del marxismo se deduce, indudablemente, el deber de luchar por la libertad de separación de las naciones oprimidas por "mi propia" nación; pero no se deduce, ni mucho menos, la necesidad de colocar en el vértice del ángulo la independencia precisamente de Holanda, cuyos padecimientos se deben más que nada a su aislamiento estrecho, endurecido, egoísta y embrutecedor, aunque arda el mundo entero, nos tiene sin cuidado; "nosotros" estamos satisfechos de nuestra vieja presa y de su riquísimo "remanentito", las Indias; ¡lo demás no nos importa!
Otro ejemplo: Karl Rádek, un socialdemócrata polaco que ha contraído méritos singularmente grandes con su lucha enérgica en defensa del internacionalismo en la socialdemocracia alemana después de empezar la guerra, se levanta furioso contra la autodeterminación en un artículo titulado El derecho de las naciones a la autodeterminación (Lichtstrahlen, mensuario radical de izquierda dirigido por Bordhardt y prohibido por la censura prusiana; 1915, 5 de diciembre, III año, número 3). Por cierto que Rádek cita en provecho propio únicamente a los dirigentes polacos y holandeses y expone, entre otros, el siguiente argumento: la autodeterminación alimenta la idea de que "la socialdemocracia tiene el supuesto deber de apoyar cualquier lucha por la independencia".
Desde el punto de vista de la teoría general, este argumento resulta indignante a todas luces, pues es claramente ilógico. Primero, no hay ni puede haber una sola reivindicación parcial de la democracia que no engendre abusos si no se supedita lo particular a lo general; nosotros no estamos obligados a apoyar ni "cualquier" lucha por la independencia, ni "cualquier" movimiento republicano o anticlerical. Segundo, no hay ni puede haber ni una sola fórmula de lucha contra la opresión nacional que no adolezca de ese mismo "defecto". El mismo Rádek utilizó en Berner Tagwacht la fórmula (1915, número 253) "contra las anexiones viejas y nuevas". Cualquier nacionalista polaco "deduce" legítimamente de esa fórmula: "Polonia es una anexión, yo estoy en contra de la anexión, es decir, estoy en pro de la independencia de Polonia". O Rosa Luxemburgo, quien en un artículo de 1908, lo recuerdo bien, expresaba la opinión de que bastaba la fórmula "contra la opresión nacional". Pero cualquier nacionalista polaco dirá -y con pleno derecho- que la anexión es una de las formas de la opresión nacional y, por consiguiente, etc., etc.
Tomen ustedes, sin embargo, en lugar de esos argumentos generales, las condiciones especiales de Polonia: su independencia es ahora "irrealizable" sin guerras o revoluciones. Estar a favor de una guerra europea con el fin exclusivo de restablecer Polonia significa ser un nacionalista de la peor especie, colocar los intereses de un pequeño número de polacos por encima de los intereses de centenares de millones de hombres que sufren como consecuencia de la guerra. Porque tales son, por ejemplo, los "fraks" (PSP de derecha), que son socialistas sólo de palabra y frente a los cuales tienen mil veces razón los socialdemócratas polacos. Lanzar la consigna de independencia de Polonia ahora, con la actual correlación de las potencias imperialistas vecinas, significa, en efecto, correr tras una utopía, caer en un nacionalismo estrecho, olvidar la premisa de la revolución europea o, por lo menos, rusa y alemana. De la misma manera, lanzar como consigna aparte la de libertad de coalición en la Rusia de 1908-1914 hubiera significado correr tras una utopía y ayudar objetivamente al partido obrero stolipiano (hoy partido de Potrésov y Gvozdiov, lo que, dicho sea de paso, es lo mismo). ¡Pero sería una locura eliminar en general del programa socialdemócrata la reivindicación de libertad de coalición!
Tercer ejemplo y, sin duda, el más importante. En las tesis polacas (III, § 2, al final) se dice, condenando la idea de un Estado-tope polaco independiente, que eso es "una vana utopía de grupos pequeños e impotentes. De llevarse a la práctica, esta idea significaría la creación de un pequeño Estado-fragmento polaco, que sería una colonia militar de uno u otro grupo de grandes potencias, un juguete de sus intereses militares y económicos, una zona de explotación de capital extranjero, un campo de batalla en las futuras guerras". Todo eso es muy exacto contra la consigna de independencia de Polonia ahora, pues incluso la revolución solamente en Polonia no cambiaría nada en este terreno y distraería la atención de las masas polacas de lo principal: de los vínculos de su lucha con la lucha del proletariado ruso y alemán. No es una paradoja, sino un hecho que el proletariado polaco, como tal, puede coadyuvar ahora a la causa del socialismo y de la libertad, incluida también la polaca, sólo mediante la lucha conjunta con el proletariado de los países vecinos, contra los nacionalistas polacos estrechos. Es imposible negar el gran mérito histórico de los socialdemócratas polacos en la lucha contra estos últimos.
Mas esos mismos argumentos, acertados desde el punto de vista de las condiciones especiales de Polonia en la época actual, son claramente desacertados en la forma general que se les ha dado. Mientras existan las guerras, Polonia será siempre un campo de batalla en las guerras entre Alemania y Rusia; eso no es un argumento contra la mayor libertad política (y, por consiguiente, contra la independencia política) durante los períodos entre las guerras. Lo mismo puede decirse de las consideraciones acerca de la explotación por el capital extranjero y del papel de juguete de intereses ajenos. Los socialdemócratas polacos no están hoy en condiciones de lanzar la consigna de independencia de Polonia, pues como proletarios internacionalistas no pueden hacer nada para ello sin caer, a semejanza de los "fraks", en el más rastrero servilismo ante una de las monarquías imperialistas. Pero a los obreros rusos y alemanes no les es indiferente si habrán de participar en la anexión de Polonia (eso significa educar a los obreros y campesinos alemanes y rusos en el espíritu de la más ruin villanía, de la resignación con el papel de verdugo de otros pueblos) o si Polonia será independiente.
La situación es, sin duda alguna, muy embrollada, pero salida que permitiría a todos seguir siendo internacionalistas: a los socialdemócratas rusos y alemanes, exigiendo la absoluta "libertad de separación" de Polonia; a los socialdemócratas polacos, luchando por la unidad de proletaria en un país pequeño y en los países grandes sin propugnar en la época dada o en el periodo dado la consigna de independencia de Polonia.